Los llamados ataques de pánico o de ansiedad, se podrían definir como la aparición repentina de una muy fuerte sintomatología de ansiedad caracterizada fundamentalmente por una sensación de ahogo generalizado, respiración muy agitada,sudor frio, sensación de , mareo,boca seca, etc.Equipo f.y.a.p. Utilizando un sencillo ejemplo comparativo,
son las mismas sensaciones físicas que se dan después de haber llevado a cabo un esfuerzo físico muy fuerte (ej.: correr un largo sprint).Además de lo anteriormente comentado, puede notarse una clara aceleración cardiaca, profusa respiración, sensación de mareo, sofoco, etc. Sin embargo en los ataques deansiedad hay un rasgo diferencial: el Miedo. En estas situaciones, las personas afectadas por dichos episodios (que se han llegado a describir como una sensación muy próxima a la muerte), entran en un estado de confusión y terror, con toda una corriente de pensamientos negativos y catastrofistas ante las sensaciones físicas experimentadas.Es decir, a falta de una explicación lógica a estos molestos síntomas, se sienten seriamente amenazados hasta el punto de llegar a pensar, en caso extremo, pero muy común en la población, que se van a morir.
Sin embargo volviendo al ejemplo anterior en una situación de esfuerzo físico fuerte, como hacer deporte (no hay miedo) aún dándose casi las mismas sensaciones de aceleración corporal generalizada nuestra mente se encuentra tranquila, pues encontramos una justificación tranquilizadora y racional a lo percibido en el cuerpo.
En el ataque de pánico, él no encontrar una explicación a esta reacción tan fuerte del Sistema Nervioso, nos lleva a llamar o acudir rápidamente a los Servicios de Urgencias, donde tras una (solo en ocasiones) exhaustiva exploración física, en la que fundamentalmente se descartan problemas del Sistema Cardiovascular (pues la marcada aceleración cardiaca es un aspecto que suele asustar mucho), se llega a la conclusión de que se trata de un problema de ansiedad. A partir de este momento, las vicisitudes estresantes por las que han de pasar las personas afectadas por estos episodios de ansiedad mayúscula, son de lo más diversas.
Pero con un punto central en común: cuanto más tiempo pase (y en ocasiones suelen ser años) en que a estas personas se les aporte una seria y efectiva explicación de los que les ha sucedido, mayores serán los miedos adquiridos (resultando muy habitual la acumulación de miedos hipocondríacos: miedo a padecer un ataque al corazón, a padecer un cáncer, a sufrir un trastorno incurable…), y no pudiendo aportar un enfoque mental que ayude a su superación.
Estos miedos, que se fundamentan en el terror o pánico a volver a sufrir otro ataque de ansiedad, dan lugar a un proceso de generalización y de habituación, siendo por eso frecuente, que deriven hacia miedos agorafóbicos (sensación de angustia en situaciones en las que se percibe la posibilidad de sufrir el “ataque definitivo” sin que se pudiese escapar de ello: grandes espacios abiertos donde no hay nadie para ayudar, metro, autobús, centros comerciales…).
Con facilidad se llega a la conclusión de que es absolutamente necesario aportar una explicación racional y tranquilizadora a lo que experimento, entender que mientras las personas afectadas no sean capaces de poder estar tranquilos mentalmente (sin la tormenta de pensamientos catastrofistas y sufrientes que se pueden alargar como hemos comentados durante años, dando lugar fácilmente a marcados estados depresivos derivados de un cansancio mental, físico, emocional) las medicaciones ansiolíticas por ejemplo, solo tendrán un efecto muy parcial y me atrevería a decir incluso más pernicioso aún, pues no olvidemos que el tipo de medicaciones recetadas en estos casos son Benzodiazepinas y sus derivados: sustancias que pueden hacer caer a los pacientes en una profunda adicción.
Con lo expuesto anteriormente, es clara la necesidad de poner orden en todo el desorden surgido a raíz de un ataque de ansiedad o pánico, mediante un proceso terapéutico, en el que el terapeuta habrá de conocer en profundidad este tipo de problemática (siendo habitual la necesidad de trabajar a nivel multidisciplinar, sobre todo con el objeto de disminuir lo más posible las dosis de tranquilizantes administrada, eso sí en el tiempo adecuado). Será necesario trabajar en terapia variables mentales, emocionales, fisiológicas, sociales, etc...Sin prisa (pues no hay que dejar de recordar que estamos tratando un problema de ansiedad – estrés ) pero sin pausa y con eficacia. Si se trabaja terapéuticamentede esta forma, las posibilidad de resolución del problema son muy altas y es más fácil de lo que parece, siendo claro que cuanto más recientemente se trate por un psicólogo el primer episodio de ataque de ansiedad, existirán muchas mayores posibilidades de éxito, mucho más que en los casos en los que este trastorno se ha sufrido durante largos años sin haber encontrado soluciones efectivas, en estos últimos alcanzar la solución llevará como es lógico más tiempo.
Equipo f.y.a.p.